Sobre Andrea Gonzalez-Villablanca

4.10.2014

¿Somos eso y nada más?

Tres cosas le impiden otorgar a los humanos una mirada que diga “si”: el temor a lo desconocido, el horror a lo conocido, y su hermosura”
– Las mil y una noches.



Por Andrea González-Villablanca

Fue una noche de esas en que pienso “Si la música amansa a las fieras”, ¿por qué la firmeza de nuestra palabra no ha sido capaz de amansar nuestro destino? ¿Acaso, es culpa de nosotras o definitivamente la mujer sigue pensando que hay vías más poderosas que su palabra?

La crudeza de nuestra historia nos ha exigido cumplir el paradigma de buscar incansablemente la aprobación del resto. 

Quienes no están dispuestas a cumplirlo, se imponen sobre un escenario aislado de una sociedad que actualmente define a los humanos a partir de su opción sexual, sus prácticas, su raza y más banalidades. Desde estatus, hasta acceder a empleos y determinados puestos laborales, se están limitando bajo aquellos conceptos mencionados.

La etapa del mundo en que estamos viviendo es quizás la más negra en siglos. No hay validez en nuestras capacidades, ni en lo que concretamos a través de nuestro intelecto. No hay dobles lecturas, sino ¡una sola! Y para conseguir un “si”, acceder a ofertas poco dignas para nuestro genero, se ha convertido en la única opción. ¡Es cierto!, en tiempos de sedienta igualdad, ninguna revolución pensó en nosotras, como un cerebro que no le haría nada mal aportar a la humanidad.

El caso de la mujer latina es extraño. Como nativas de esta América incierta, las féminas se han acomodado a una cultura que circula sólo en la satisfacción y conveniencia del sexo opuesto. Nuestro don de la palabra poco y nada cuenta. Y más aún en mujeres aparentemente memorables que no son más que títeres de un poder que no se deja ver.

Así fue, como en la más fina hebra de seda, la “latina  sin autoridad”, se ha expuesto bajo la obediencia, en un envase de curvas sin contenido, que sólo ofrece aquello obvio para lograr la opulencia.

Siendo latina, me disgusta la mirada del mundo hacia nuestros genes, pero asumo que en un sistema facilista “el tiempo no nos hará creer lo contrario de lo que nuestros ojos han visto". Al final de cuentas, las mujeres que luchan bajo dosis de buen juicio, seguirán siendo tan heroínas, como  víctimas.

Recientemente, la web TargetMap, elaboró un polémico mapa de las hembras más sensuales y atractivas del mundo, provocando hienas en la sangre de quienes se dieron el tiempo para leerlo. De nuestro continente, sólo aparecen dos países que si bien ofrecen una “belleza” muy servicial al exterior,  enormes caderas y un grito feroz a la  fertilidad, también celebran lo más sombrío de nuestros tiempos.

Cuando pienso en qué sucede con la “autoestima” de la mujer latina, estos temas me provocan aburrimiento y resignación, sobre la forma en que el cosmos nos sigue definiendo.

Hace un tiempo, comencé a seguir una serie turca basada en Las mil y una noches, que instala en la consciencia colectiva, lo que estamos dispuestas a entregar a cambio de salvar la vida de un ser querido, o quizás… salvarnos a nosotras mismas. Un relato que si bien comienza con una propuesta indecente, evoluciona bajo miradas, gestos y tiempos conquistados en aquel misterio inexistente de nuestro edén llamado, América.

Para quienes han leído los relatos de la discreta princesa Sherezade, recordarán que “Bendito es el don de quien le han perfumado su boca, han puesto elocuencia en su lengua e inteligencia detrás de su frente”, capaz de amansar a ese hombre traicionado por su primera mujer y quien había decidido desposar una virgen cada noche para asesinarla al amanecer.

Pero, la astucia de quien reina y domina, mediante sus palabras perfectamente hiladas, logró el asombro e interés del rey que  no creía en las mujeres  y por mil y una noches Sherezade le cuenta un cuento,  y al final de la última noche no sólo salva su vida, sino la de todas las mujeres. ¿El rey?, acabó enamorado de ella, hasta convertirla en reina.

Si bien, la hermosura y astucia, pero por sobre todo el intelecto de Sherezade,  logró educar sabiamente sobre moralidad y amabilidad, para tocar el alma de un hombre y de esa forma rendir el mundo a sus pies, también consiguió plantear interrogantes sobre ¿Por qué la latina, no ha sido capaz de amansar a las fieras mediante el don de su palabra? ¿Nos falta educación o nos falta respeto propio? o ¿Será que sólo se conforma con ser un absurdo referente de la mujer más sexy del mundo?

Muchos, aseguran que las mujeres somos un enigma, pero ¿por qué hoy la inteligencia nos ha quitado hermosura? Acaso, ¿Nos hace menos atractivas poseer el don de la palabra? ¿Será que para conseguir nuestras metas personales, laborales, etc. Debemos esperar una y mil noches por un “si”? o finalmente nos causa temor aceptar que ¿Somos un “eso” y nada más?

Publicada en mi columna  Mujer, Guerra y Miel: 

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© Mujer, Guerra y Miel  · Andrea González-Villablanca · 2014

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