Sobre Andrea Gonzalez-Villablanca

4.24.2012

Un monstruo llamado: Educación.

He oído que los monstruos son del tamaño de los propios miedos. Y el mayor monstruo para Chile, será que el pueblo se eduque y no permita las manipulaciones de los gobiernos.

Por Andrea González-Villablanca

Bien sabemos que una mente sin conocimientos es débil y ante cualquier dificultad cae en crisis. Los ciudadanos se desequilibran y eso sumado a las consecutivas tragedias naturales facilita el camino de las candidaturas políticas.

En épocas pasadas, la alta sociedad se constituía por personas cultas. Hoy, la alta sociedad la reina cualquier arrogante sofocado en ignorancia. La buena educación comienza en casa. Una familia bien constituida no tiene por qué presentar al mundo hijos cobardes y arribistas con pobreza de alma absoluta. 

A quienes nos criaron para hablar fuerte y con la frente en alto. A quienes nuestro padre nos enseña día a día a proteger nuestra dignidad. A quienes nuestra madre nos dijo: hija en la vida hay dos caminos o eres p? o eres mujer, si eliges ser mujer deberás defenderte de todos y todo… ¡Orgullosamente puedo decir que elegí ser mujer!

Es por eso, que en estos meses de ausencia, de transiciones extrañas en un  periodo de apocalipsis existencial, evidencio la renuncia de valores completamente amenazantes para quienes aún no toman conciencia de sus errores.

Una hecatombe en educación, salud, economía y sociedad. Un cataclismo llamado sistema que ha exterminado la paz de los humanos, como una de las más criminales guerras de nuestra historia.

La educación y respeto se perdió. Los altos aranceles en los centros educacionales no hacen más que encarcelar los sueños de profesionales que quedaron en el camino, sin solución a cada uno de los problemas que surgen luego de tener que abandonar una carrera universitaria… un drama que crece, todos los días, por no tener los medios económicos para recibir un titulo, que por ningún motivo asegura el éxito, como ser humano...

En Chile, las marchas estudiantiles llevan más de un año en las calles. Las movilizaciones regresaron hoy 25 de abril. Mientras tanto, la juventud sigue pidiendo auxilio en la voz de una oportunista que aprovechó la única ocasión que le dio la vida para viajar, conocer y fotografiar a sus líderes comunistas… 

La misma, que se hace llamar "líder estudiantil" y ocupa paginas en The New York Times, mientras la educación sigue inalcanzable para la gran mayoría de los chilenos y los bancos embargan hasta el alma de las familias que buscaban un futuro mejor para sus hijos. Por su parte, la exclusividad de las calamidades llamados: "hijos de políticos", acceden a becas en prestigiosas instituciones educacionales extranjeras y jamás pagan sus créditos universitarios, elevando así, la deuda de los jóvenes chilenos.

Los destrozos en las calles del centro de la ciudad regresan del pasado y se vuelve normal que las "marionetas encapuchadas” de antiguos gobiernos, provoquen atemorizantes estragos en viviendas de ciudadanos de esfuerzo.

Hace unos días, el gobierno informó que los banqueros no financiarán la educación; sin embargo, las intimidaciones a las familias no cesan y las oportunidades de trabajo para los jóvenes profesionales se acomodan en la morgue de quienes mantienen los altos cargos y le aseguran un puesto laboral a drogadictos, vagos, prostitutas, amigos, hijos, hermanos "de:"….

En un país, donde nadie tiene nombre propio, la búsqueda de un trabajo digno y que permita desarrollar las capacidades y conocimientos, se dificulta para quienes no han accedido a favores que transgreden su dignidad.

Hace unos meses, fui protagonista de esa película. “Entrevistas de trabajo” en diversos medios de comunicación chilenos, que no hicieron más que preguntar sobre mi vida personal, cómo había logrado llegar a los entrevistados que tengo y  construir una carrera en el exterior. Sobre sueldos ni hablar, ¡¿una broma?!… las excusas para no contratarme, fueron interminables, desde la exigencia de postgrados y doctorados, hasta tener oficio de camarógrafa o ser rostro de una televisión, donde reina la mala educación, como diría Chanel.

Irónicamente, sintonicé uno de los más antiguos burdeles televisivos, donde el proxeneta de los “rostros” se reía a carcajadas de un  absurdo ¿“Doctor en Filosofía”?, quien presume ser un erudito en el fin del mundo y la profecía maya. Comprendí que era mejor NO recibir ninguna carta del arrepentido Rey de España, para demostrar un doctorado en una connotada universidad y terminar dando lástima en uno de los shows televisivos más repudiables del país.

La vergüenza ajena me invadió y decidí dormir para despertar pensando que mañana… ¡será otro día! 

Amanecí, ni pragmática ni lógica para estos tiempos. Mi confidente es mi conciencia en un mundo que está a puertas de ser destruido por completo y a la vez, reinventado por quienes se revelan ante el poder. Ya no existen extrañas enseñanzas, ni la fe en una escasa información. Hoy, confió en que lo más sagrado es nuestra esencia. Esa con la que naces, la que te impone límites para no hacer lo que no te dejará dormir tranquila. Esa que te enaltece por el resto de los demás. Esa que te lleva a un altar cuando sientes que todo está lejos, mientras todo se acerca. 

Han sido momentos que me han permitido analizar la ejecución de valores, el origen de la naturaleza humana y lo que NO se dice de frente. La falta de educación se ha  cruzado en mi camino, mediante  ¿seres?. Los mismos culpables de la miseria de géneros en una tierra que castiga y crucifica a quien merece oportunidades… a quienes sólo desean aportar a la sociedad con su talento y voluntad. 

No sé… si fue ciencia, religión, historia y experiencia... pero un cúmulo de información nos convierte en lo que somos. Ya no quiero analizar más, la corrupción de los altos mandos, la indiferencia bestial con que te desprecian cuando pides trabajo, la violencia con que le responden a una mujer que se transformó en un monstruo amenazante para la falta de hombría y carente dignidad femenina.

Una vida justa y equilibrada, es lo que buscamos todos quienes hemos construido nuestra propia educación con la defensa diaria. Una vida justa y equilibrada que me permite comprender que la educación no es una amenaza, sino un derecho que fue escrito por Dios, por Buddha, por Jesús, por algunos santos, ángeles guardianes, sabios y  por mí… porque creo en mí y en que el mundo, sólo lo puede salvar un monstruo llamado: Educación.

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